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El Presidente Vicente Fox Quesada anunció nombramientos en su Gabinete

Viernes, 10 de Enero de 2003

Discurso Discurso | Los Pinos.

Versión estenográfica de la ceremonia que encabezó el Presidente Vicente Fox Quesada con el doctor Jorge G. Castañeda y con el doctor Luis Ernesto Derbez, en la que anunció nombramientos en su Gabinete, en la residencia oficial de Los Pinos.


-Dr. Jorge G. Castañeda: Señor Presidente Vicente Fox, doctor Luis Ernesto Derbez, amigas y amigos: buenas tardes.

La voluntad de cambio ha sido, en estos dos años, la razón de ser de un Presidente y un Gobierno de una sociedad. Esta voluntad de cambio ha sido verdadera y como tal, no es estática ni se detiene.

Ha librado los anhelos y las aspiraciones de todos aquellos que luchamos por un país más democrático, más tolerante, más justo, más dueño de su destino, más seguro de sí mismo y respetado en la escena internacional.

La voluntad del cambio --marcada por aciertos pero, sin duda, también por errores-- es el acontecimiento más importante que ha vivido México en muchas décadas.

Desde hace años --y en particular durante la campaña electoral y en el arranque de Gobierno-- he tenido el privilegio de trabajar con el Presidente Vicente Fox para México. Ha sido un honor y una oportunidad histórica, formar parte de su equipo de colaboradores.

Este México es una nueva nación, gracias a la valentía de su sociedad y al liderazgo del Presidente Fox. No es aún un país perfecto, pero es ciertamente mejor que el país que heredó este Gobierno.

Por ello, me siento orgulloso de haber podido contribuir al cambio y quiero agradecerle al Presidente la confianza que depositó en mí al designarme como Canciller.

Con los logros alcanzados en materia de política exterior, a lo largo de estos últimos dos años, mismos que presenté a la opinión pública en mi Informe de Gestión de diciembre pasado, culmina una etapa de cambio y comienza otra.

Hoy dejo el cargo de Secretario de Relaciones Exteriores e inicio una nueva etapa de servicio a mi país, de vuelta como integrante de la sociedad civil.

A partir de mañana, me reincorporaré a la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Es una decisión compleja, largamente meditada, que he compartido desde hace meses con el Presidente y varios de sus colaboradores.

El poder otorga a quienes lo detentan, la oportunidad y la responsabilidad de mejorar la vida de otros. Pero en una democracia, ese poder abrumador no pertenece a un individuo, sino a toda la sociedad.

Por lo tanto, dejar las responsabilidades del poder, es tan importante como alcanzarlas.

Durante demasiado tiempo, este país ha padecido funcionarios y políticos más preocupados por conservar sus puestos, que por cumplir honesta y eficazmente con sus responsabilidades, más empeñados en preservar su trabajo que en hacerlo bien.

Ciertamente, algunos dirán que yo no he hecho ni lo uno, ni lo otro.

Para quienes no somos políticos profesionales, hay que saber cuándo entrar a la arena política para luchar por lo que uno cree y cuándo es el momento correcto para dejarla.

Para mí, ese momento ha llegado.

Hay quienes se dedican a la política como una forma de vida, como una profesión; y habemos otros que decidimos hacer política impulsados por el deseo de propiciar cambios en la sociedad.

Las motivaciones y razones de ser de unos y de otros son claramente distintas. Para los primeros, la política es su actividad medular, una tarea ardua y noble, en muchas ocasiones tan ingrata que se necesita vocación y pasión para consagrar toda una vida a ella.

Para los segundos, académicos, profesionistas, escritores, empresarios, activistas sociales, es un medio para alcanzar una serie de fines políticos y durante un período de nuestras vidas, a ello dedicamos la totalidad de nuestros esfuerzos.

Una vez cumplidas las tareas o inclusive cuando las metas trazadas originalmente no han podido ser alcanzadas y quizás no puedan serlo en un plazo razonable, un ciclo específico llega a su término.

Ese es mi caso. La política no es mi profesión, he sido siempre un miembro de la sociedad civil. Hoy mi ciclo en la Cancillería toca su fin y ha concluido porque buena parte de lo que nos propusimos hacer se ha cumplido.

En este momento, dadas las condiciones internacionales actuales, me parece evidente que aquellos objetivos que no logramos alcanzar no podrán realizarse en esta etapa y en los términos en los que los concebimos originalmente.

No obstante, estos objetivos siguen vigentes y seguramente con un nuevo enfoque, un nuevo calendario y una nueva definición podrán alcanzarse. Estas y sólo estas consideraciones son las que me han llevado a la decisión de dejar la Cancillería.

Estoy convencido que como equipo de Gobierno, tenemos en este momento buenas cuentas que rendir:

Se logró que el cambio sexenal transcurriera, por primera vez desde 1984, con normalidad y sin derivar en una crisis económica o política; hemos usado este pedimento de estabilidad macroeconómica y política para mostrarle al mundo una cara nueva de México, es un México que se fortalece, cuya estatura en el mundo crece.

Ello, por ejemplo, ha permitido aumentar el flujo de inversiones a nuestro país, abrir mercados internacionales y disminuir el riesgo-país de agencias calificadoras.

En esta labor, la Secretaría de Relaciones Exteriores ha cumplido con prácticamente todas las metas que nos trazamos en diciembre de 2000.

Hoy hay un México cuya voz se escucha con vigor en el escenario internacional, desde su asiento en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, que participa activamente en la construcción de nuevas reglas y normas de interacción y convivencia internacional, en temas como el desarrollo sostenible, tal y como quedó demostrado en la Conferencia de Financiamiento para el Desarrollo en Monterrey.

Es un México que colocó en el centro de su agenda diplomática la promoción de los derechos humanos y la democracia en el mundo y los convirtió en una poderosa palanca para incidir en la vida interna de la nación.

Es un México que ha logrado romper con viejas sinergias, al lograr que la certificación antidrogas aplicada año con año en Estados Unidos fuese suspendida y que la agenda migratoria con este país haya capturado la imaginación de ambas sociedades.

Y es un México que ha roto estereotipos y revertido percepciones negativas, a través de una proyección vigorosa de la cultura como un instrumento central de su quehacer diplomático.

Pero faltaría la verdad, si no reconociese que también en estos dos años hay frentes en los que no hemos alcanzado todas las metas trazadas, particularmente me decepciona el no haber podido aprovechar los avances conceptuales en materia migratoria con Estados Unidos para plasmarlos de manera más rápida en logros concretos, que tanto beneficiarían a nuestras dos naciones y a todos los mexicanos.

Más allá de los acontecimientos imprevistos del 2001, que detuvieron la negociación migratoria, asumo la responsabilidad de no haber concretado nuestras metas en esta materia.

El Presidente y su equipo hemos logrado mucho, pero indudablemente se puede y se debe hacer mucho más. Los cimientos del cambio ya han sido colocados en lo económico, financiero, institucional e internacional; pero hay asignaturas pendientes, una de ellas, es responder a cuestiones medulares, tales y cómo, qué queremos hacer con lo logrado hasta ahora, cómo seguir impulsando el cambio.

Las respuestas a estas preguntas podrán abrir una ventana de oportunidad única para que el país determine su propio rumbo.

En menos de 20 años llegará a la edad adulta la primera generación de mexicanos nacidos bajo el signo de la democracia y la transferencia ordenada y libre del poder, un equilibrio maduro y responsable de poderes, el respeto pleno a los derechos humanos, una prensa sin mordazas y una estabilidad económica y política. No podemos dejar pasar esta oportunidad.

Hoy dejo mi cartera de canciller pero no mi lecho. A partir de mañana seguiré trabajando desde la sociedad civil al lado de todos aquellos que desean hacer del cambio político en este país una realidad irrevocable.

Así como creo indispensable destacar todo lo alcanzado en estos dos años, también reconozco mis carencias: soy el único responsable de mis errores, en ocasiones en contra del buen consejo de colaboradores y colegas. A todos ellos les agradezco su apoyo, su trabajo, su lealtad y su amistad.

Finalmente, deseo darle la bienvenida a mi amigo Luis Ernesto Derbez. Sé que contará con el apoyo de todos aquellos que han ayudado a definir el nuevo rumbo de la política exterior mexicana bajo el liderazgo del Presidente Fox.

Seguiré siendo un hombre comprometido con el cambio, un hombre convencido de que las ideas deben servir para modificar el presente y deben ser aplicadas para incidir en el futuro. Y ya en la trinchera que ocuparé en las batallas por la consolidación del cambio democrático en México, no será la misma desde estos dos años, la lucha sí, es la lucha por el cambio.

Dejo la trinchera gubernamental, pero ocupo otra: el compromiso político, de análisis, de reflexión y de opinión. Sólo el futuro dirá si se dan o no nuevos ciclos gubernamentales o políticos en mi vida.

Como diría Tomás Eloy Martínez en su Santa Evita: ”No hay nada inevitable hasta que no suceda”. Muchas gracias.

-Presidente Vicente Fox: En los dos años transcurridos, de diciembre del año 2000 a la fecha, hemos visto nacer una transformación sin precedente en la historia de México. Con el impulso y la fuerza de toda la sociedad logramos dar paso a un nuevo orden democrático.

Jorge Castañeda caracterizó su desempeño como Secretario de Relaciones Exteriores por su claro compromiso con ese proceso de cambio democrático.

Como miembro de este Gobierno, lo han distinguido su creatividad y espíritu propositivo, su audacia, tenacidad y su capacidad para defender los intereses de México en el extranjero.

Durante su gestión, México ha adoptado un papel dinámico y activo en todos los foros regionales y multilaterales. También tomamos una postura más consciente y activa en la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas; y agradezco a Jorge todo el esmero, compromiso, lealtad, capacidad profesional que ha puesto en el desempeño de sus funciones.

Nuestro balance en política exterior es positivo. Hemos logrado posicionar favorablemente a México en el concierto internacional. Hemos desempeñado un papel muy activo en la promoción de la paz y el desarrollo de las naciones.

Al aceptar la renuncia de Jorge Castañeda hago público, con gran satisfacción, el nombramiento del doctor Luis Ernesto como secretario de Relaciones Exteriores.

Continuaremos con las líneas de cambio que nos hemos trazado en la política exterior, siempre en el marco de los objetivos de una política de Estado que están claramente definidos en nuestra Carta Magna: la autodeterminación de los pueblos, la no intervención, la solución pacífica de controversias, la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales, la igualdad jurídica de los Estados, la cooperación internacional para el desarrollo y la lucha por la paz.

Pero imprimiremos más dinamismo a la tarea emprendida en el nuevo activismo en materia de política exterior, en la nueva agenda, como derechos humanos, como participación en la protección de recursos naturales, como los foros que tenemos gran participación en distintos lugares.

El cambio democrático ha demandado y favorecido una mayor participación de México en todas esas instituciones de carácter multilateral.

Con creatividad y con espíritu de conciliación, seguiremos promoviendo que los asuntos de interés global sean tratados en el marco de un nuevo multilateralismo.

Esta orientación ya nos ha permitido promover posiciones comunes en asuntos de interés nacional, como el caso de los migrantes nos ha permitido influir en los temas que requieren una amplia cooperación de acuerdo internacional.

Gracias a ello, hoy la política exterior mexicana tiene un alto reconocimiento en el mundo. Su abierta despensa de valores universales, la lucha en favor del desarrollo de la humanidad nos ha distinguido en el escenario mundial.

Si los objetivos y valores de nuestra política exterior han alcanzado un gran respeto entre las naciones, ello también se debe a que nuestra diplomacia ha sido congruente.

Nunca hemos creído en una diplomacia de dos caras. Al contrario: el cambio democrático nos compromete con una diplomacia más abierta y transparente, que busca siempre trabajar con los demás, que va encontrando nuevos espacios para la mejor expresión de lo que somos y lo que queremos.

Somos un país pacifista, que promueve la equidad entre las naciones; somos una nación que nunca ha pretendido un desarrollo a costa de los demás, sino junto con los demás.

Nuestras iniciativas dentro de América del Norte, con las naciones de Latinoamérica y con el resto del mundo, así lo demuestran.

En el México democrático, creemos en el diálogo franco y abierto como la única forma de solucionar las diferencias. Por ello, tanto en el ámbito interno como en el externo, hemos promovido un intenso y estrecho diálogo político, que ha resultado muy fructífero. Sólo así, con transparencia, con suma de voluntades y esfuerzos, podremos construir el México y el mundo que queremos.

La Conferencia de Monterrey para la Financiación del Desarrollo, el Encuentro de los Líderes de APEC --en los Cabos-- así como nuestra participación en las labores del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, han mostrado --de manera muy clara-- nuestra confianza en este tipo de diálogo y de trascendencia internacional.

En la era de la globalización, el libre intercambio juega un papel de enorme importancia en el desarrollo de las naciones. Hoy ningún país que quiera crecer económicamente y acceder a mayores niveles de bienestar, puede mantenerse bajo una política de frontera cerrada.

Es necesario abrirse al flujo de bienes y servicios, fomentar la cooperación en todos los planes. Debe --sobre todo-- abrirse a la más libre y amplia circulación de las ideas.

En esa nueva etapa que hoy iniciamos, estamos decididos a hacer de México un puente entre regiones y visiones del mundo, con el fin de profundizar y diversificar los vínculos políticos y económicos de nuestro país.

Consolidaremos la política exterior como instrumento para una activa presencia de México en el mundo y avanzaremos en el logro de nuevas metas.

Seguiremos fortaleciendo las funciones de nuestras representaciones diplomáticas como defensoras de los intereses de México y de los mexicanos. Ellas continuarán actuando como pilares centrales del intercambio político, social y cultural.

La destacada carrera de Luis Ernesto Derbez en diversos organismos internacionales, que suma varios lustros; su reconocida trayectoria en la promoción de la inversión y las actividades comerciales, sin duda serán de gran valor para el desempeño de sus nuevas funciones.

Él ha sido responsable de la política de promoción económica de mi Gobierno y se ha ganado, por ello, el respeto de todos los actores nacionales e internacionales involucrados en la materia.

Su gestión se caracterizó por la firme defensa de los intereses de nuestro país, a través del uso de todos los instrumentos de que disponemos para el efecto en los acuerdos internacionales que hemos firmado.

Él, Luis Ernesto, dirigió la delegación mexicana en las reuniones de la Organización Mundial de Comercio, defendiendo ahí con decisión los intereses nacionales, especialmente los de nuestros agricultores.

Dirigió también con éxito los esfuerzos del Gobierno mexicano para la realización de la Cumbre Mundial de Líderes de las Economías de Asia-Pacífico, que tuvo lugar en Los Cabos, México, el año pasado.

Después de considerar varias opciones para ocupar el lugar de Luis Ernesto Derbez en la Secretaría de Economía, estoy invitando a colaborar al licenciado Fernando Canales Clariond, quien ha desarrollado una gran labor al frente del gobierno de Nuevo León y cuya importante trayectoria en el ámbito administrativo y empresarial de nuestro país permitirá continuar el cumplimiento de las misiones y metas de esta importante dependencia.

Estoy seguro que ambos habrán de cumplir con la entrega, patriotismo, sentido de compromiso y visión de Estado que estas honrosas encomiendas reclaman.

Muchas gracias.

-Dr. Luis Ernesto Derbez: Señor Presidente Vicente Fox Quesada; estimado amigo Jorge; señoras y señores:

Presidente:

Nuevamente tengo el honor de servir a mi país desde una responsabilidad encomendada por usted. Muchas gracias por la confianza que en mí deposita.

Los profundos cambios políticos, económicos y sociales de los últimos 25 años alteraron los equilibrios de la comunidad internacional y la manera en que las naciones se relacionan entre sí.

El fin de la Guerra Fría, la conformación de un sistema internacional cada vez más globalizado, han trastocado en mayor o menor grado a todas las naciones, ya que ahora tienen que confrontar los retos y aprovechar las oportunidades que este proceso implica.

Desde el inicio de su Administración, usted señor Presidente estableció como objetivo de la agenda de política exterior el apuntalamiento de los esfuerzos de promoción económica, comercial y cultural, en aras de un desarrollo nacional sustentable y a largo plazo; un mayor activismo de México en los foros internacionales y la promoción de la democracia y la defensa universal de los derechos humanos, en especial de los mexicanos en cualquier parte del extranjero.

Como establece el Plan Nacional de Desarrollo 2000-2006, la diplomacia mexicana del nuevo milenio ya no debe ser sólo un instrumento central en la preservación de la soberanía y la seguridad nacionales, sino que debe convertirse además en una palanca para promover y apuntalar el desarrollo socioeconómico de México.

México cuenta con principios, plasmados en nuestra Constitución Política, con una reconocida tradición diplomática, con una posición geoestratégica y con instituciones sólidas, modernas y democráticas como los instrumentos básicos de su política exterior.

Como he aprendido durante estos años, hoy en México los nuevos equilibrios en el ejercicio del servicio público exigen una colaboración estrecha entre los Poderes de la Unión.

Por ello, saludo el interés de nuestro Congreso, en particular el del Senado, en la conducción de la política exterior, al tiempo que reitero mi disposición permanente al diálogo.

Durante los últimos dos años he tenido la oportunidad de participar activamente en la definición e instrumentación de las relaciones comerciales internacionales de México y en la formación del desarrollo económico nacional.

Agradezco al equipo de servidores públicos que me han acompañado en esta tarea.

Debo reconocer la labor del canciller Castañeda, cuyos resultados aun en un informe adverso han permitido avances, como son: una renovada presencia de México en distintos foros e instituciones multilaterales, la desnarcotización de la agenda bilateral con Estados Unidos y la aceptación, por parte de ese país, del tema migratorio como un asunto de responsabilidad compartida.

En la alta responsabilidad que me ha sido encomendada asumo el compromiso, señor Presidente, de continuar trabajando por los intereses de México y por la constitución de los objetivos que usted ha planteado.

Tenemos que situar juntos a nuestro país como líder en la nueva arquitectura internacional.

Señor Presidente:

Muchas gracias por su confianza.

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Lunes, 19 de Diciembre de 2005 a las 12:57 por Carmen Cobos González.

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