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MexQ, de empleados a supervisores de ensamble y calidad

Viernes, 13 de Octubre de 2006

El Financiero / María Luisa González / Finsat. Aguascalientes.

• Dos jóvenes dejaron sus empleos en Yorozu y crearon su empresa.

En 1997, cuando recién habían concluido sus carreras de ingeniero mecánico e ingeniero industrial en el Instituto Tecnológico de Aguascalientes y la Universidad Iberoamericana de León, Guanajuato, Óscar Carrillo Muñoz y Manuel Martínez Inguanzo trabajaban en Yorozu Mexicana, proveedora de Nissan, como supervisores en las áreas de ensamble y de calidad.

Hoy, apenas rebasados los 30 años de edad, son propietarios de una empresa consolidada que da empleo a 500 personas, factura cien millones de pesos al año, cuenta con sucursales en Querétaro, Saltillo, Puebla, Hermosillo y Baja California --además de su base corporativa en Aguascalientes-- y tienen la perspectiva de abrir una en China a mediano plazo porque así se lo están pidiendo clientes.

Por si esto fuera poco, meses atrás ganaron un contrato a cinco años con la también japonesa Jatco, filial de Nissan, que le significará crecer al doble en todos sentidos a partir del próximo año.

Se trata de MexQ --MexicanQuality--, una empresa de servicio o "mentefactura" que representa en México y en otros países, particularmente latinoamericanos, a autoparteras y armadoras automotrices en la atención y solución de problemas de calidad en los lotes de productos que fabrican y que reciben.

La empezaron a partir de un solo cliente --la propia Yorozu-- y sus salarios devengados como capital. Actualmente MexQ es proveedora autorizada por Nissan, General Motors, Ford, Volkswagen, Toyota y próximamente Chrysler, para proporcionar servicios profesionales en sus plantas y con las empresas que las abastecen de partes y componentes.

Por Ford y VW opera, además, como empresa outsourcing en algunas operaciones, como la de inspección.

Para darse una idea del derrotero que siguieron, en 1998, a sólo un año de haber gestado el embrión de la empresa, contaban con 160 trabajadores de diez iniciadores --todos ellos familiares-- que reclutaron y capacitaron rápidamente cuando "encontramos el click", dice Óscar, para ilustrar el momento en que fijaron el potencial de negocio.

Ocurrió, cuenta, mientras trabajaban en Yorozu. Observaron que llegaban a su planta técnicos de otras zonas del país y, sobre todo, del extranjero para supervisar lotes entregados a Nissan y, dado el caso, a "retrabajarlos".

Evaluaron el posible costo de esto y después de platicar y de asumir riesgos le propusieron a la empresa suplirlos con gente del estado. La oferta les fue aceptada y cumplieron la primera tarea, de tal manera que les fueron encargadas más. Gradualmente empezaron a buscarlos otras firmas.

Óscar asienta que como empleados ganaban muy bien y tenían una carrera muy prometedora. Pese a ello, antes de estar seguros de hasta dónde podrían llegar y todavía con un modesto capital decidieron "quemar barcos" --renunciar a sus trabajos-- para dedicarle tiempo completo a su "sueño", como caracteriza su permanente afán de crear una empresa.

Él se hizo cargo del área de operaciones y ventas y Manuel de la de aseguramiento de calidad.

Partiendo de la idea, sostenida todavía por algunos empresarios pequeños y dirigentes del sector, en el sentido de que integrarse a la cadena productiva de la industria automotriz no es fácil para las MIPyMES, la pregunta obligada es sencillamente cómo estos dos jóvenes de clase media y con "cero capital" lo hicieron e, incluso, pudieron sobrepasar a firmas similares de México y el extranjero, algunas con 20 años en el mercado.

Óscar Carrillo afirma que no es ningún misterio ni pusieron en juego alguna fórmula desconocida. "Resulta trillado, pero efectivamente en estos tiempos de globalización es cuestión de subirse al barco de la competitividad, de la calidad y del bajo costo y entender que no son negociables".

En su caso, acreditaron el ISO 9000 y a MexQ como TIER 3 dentro de la cadena productiva del sector automovilístico, esto es, como una empresa "proveedora de proveedores".

Carrillo Muñoz postula que "hay que poner los pies en la tierra" para expresar su convicción de que en esa escala está la puerta para empresas de menor tamaño y que la misma "sin duda se les abre si son competitivas".

Agrega la importancia de estar abiertos al aprendizaje, al cambio y a la filosofía de trabajo de los potenciales clientes, no dejarse "comer" por las adversidades, ser audaz pero sin perder piso, no esperar a que "papá gobierno dé", y tener un espíritu emprendedor "verdadero".

Para él, esto último implica trascender, "apostar también" al desarrollo económico y social de su entorno local y nacional, más allá del legítimo deseo de ganar dinero o de conformar un patrimonio familiar. El enfoque, dice, determina en buena medida el éxito o el fracaso de una empresa.

Filosofía laboral

Óscar y Manuel buscaron crear y consolidar esquemas que les permitieran dar un buen servicio y conformar "algo igualmente primordial", subraya el primero, esto es, una plantilla de trabajadores altamente capacitada y leal, que creciera con la empresa y encontrara en ella oportunidades reales de superación.

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Miércoles, 18 de Octubre de 2006 a las 15:19 por Carmen Cobos González.

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