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45 minutos en la presidencia: Pedro Lascur谩in Paredes

Jueves, 17 de Febrero de 2005

Alejandro Rosas / Historiador. Como abogado, seguramente en conciencia siempre justific贸 su proceder. Aquel 19 de febrero de 1913, indudablemente se comport贸 con apego a la ley, y durante los escasos cuarenta y cinco minutos que permaneci贸 en el poder, su preocupaci贸n fue mantener el orden constitucional. As铆 lo hizo: el 煤nico acto oficial del presidente fue nombrar secretario de Gobernaci贸n a Victoriano Huerta, presentar su renuncia ante el Congreso y lavarse las manos. Por mandato de ley, el traidor asumi贸 de inmediato la presidencia del pa铆s.

Pero el profesor de la Escuela Libre de Derecho, hombre 鈥渆xcelente, rico de buena familia, honorable y ferviente cat贸lico鈥 --como lo consideraban algunos de sus contempor谩neos-- fue sin duda, otro c贸mplice m谩s en la ca铆da de Madero. No por acci贸n, sino por omisi贸n. Su car谩cter f谩cilmente influenciable y el miedo a perder la vida lo transformaron en un pelele; en el 鈥渃orre-ve-y-dile鈥 de Victoriano Huerta, quien s贸lo ten铆a un objetivo: derrocar a Madero.

驴C贸mo obtener las renuncias de Madero y Pino Su谩rez cuando estaban investidos con la voluntad popular? Hab铆an llegado al poder a trav茅s de una elecci贸n democr谩tica y libre. Al consumarse la traici贸n de Huerta el 18 de febrero de 1913, el presidente y el vicepresidente fueron confinados en la Intendencia de Palacio Nacional pero no se les ve铆a la menor intenci贸n de renunciar a sus cargos.

El brutal asesinato de Gustavo Madero, la noche del 18 de febrero, precipit贸 los acontecimientos. En medio del dolor y la tragedia, la familia hizo lo humanamente posible por conservar las vidas de Madero y Pino Su谩rez. Huerta, por su parte, deseaba que el golpe de estado --pr谩cticamente lo hab铆a sido-- fuese revestido con las formas legales necesarias para legitimar al nuevo r茅gimen. Ambas partes sab铆an que para la consecuci贸n de sus fines estaban de por medio la renuncias del presidente y del vicepresidente.

Huerta encontr贸 en Lascur谩in el personaje adecuado para concluir su maniobra pol铆tica sin mancharse las manos con un acto de ilegalidad. En su car谩cter de secretario de relaciones exteriores y por mandato de ley, a don Pedro le correspond铆a tomar la presidencia en caso de ausencia o renuncia del presidente. Bajo este argumento, Lascur谩in se convirti贸 en el mediador para obtener el preciado documento pero dej贸 turbar su juicio y cay贸 en la trampa de Huerta que se mostraba 鈥減rofundamente preocupado鈥 por el futuro de sus prisioneros y argumentaba que s贸lo 茅l pod铆a salvarlos de la turba enardecida.

Las intimidaciones de Huerta surtieron efecto. Por la ma帽ana del d铆a 19 de febrero, un Lascur谩in vacilante se present贸 en Palacio para suplicar al presidente que renunciara pero exigiendo garant铆as. Madero acept贸 entonces renunciar.

El secretario de Relaciones Exteriores regres贸 con Huerta para ultimar detalles. Se atrevi贸 a insistirle en el respeto a los prisioneros y provoc贸 su 鈥渋ndignaci贸n鈥. 鈥淥 se tiene confianza en m铆 o no. Si no se tiene confianza en m铆, es in煤til que sigamos hablando鈥 --dijo Huerta--. Y sacando de su camisa un escapulario con una medalla de la virgen de Guadalupe agreg贸: 鈥淟as puso a mi cuello mi madre. Por el recuerdo de ella, ante estas santas im谩genes, juro a usted que no permitir茅 que nadie atente contra al vida del se帽or Madero鈥.

Con su conciencia de buen cristiano en paz el futuro presidente Lascur谩in se neg贸 a ver la suerte que correr铆an los dos prisioneros. Si Huerta hab铆a traicionado a Madero al aprehenderlo, jam谩s cumplir铆a su palabra. Nada conmovi贸 a don Pedro para comportarse con dignidad. Ni siquiera el cruel asesinato de Gustavo Madero la noche anterior --del cual ten铆a conocimiento-- fue motivo suficiente para impedirle al presidente y al vicepresidente que estamparan sus firmas sobre las renuncias. Acto seguido, con el documento en la mano, march贸 hacia la m谩xima tribuna del pa铆s.

鈥淟a C谩mara de Diputados del XXVI Congreso Constitucional no se opondr谩 a nada --escribi贸 Ram贸n Prida--, no se fijar谩 en si hay el n煤mero de diputados presentes, ni si los renunciantes tienen la libertad necesaria para acto de tanta trascendencia. Para que no quede constancia de lo primero, contra todos los precedentes no se insertar谩n en el acta los nombres de los diputados que han votado por la afirmativa; as铆 quedar谩 煤nicamente, la declaraci贸n de que eran m谩s de ciento veinte e imposible de averiguar, con el tiempo la verdad. Algunos de los miembros de la c谩mara, privadamente, preguntan si las firmas de las renuncias son aut茅nticas. Las abonar谩 la honorabilidad del se帽or Lascur谩in, se les dice. Ante las vacilaciones de 茅ste, se ha esgrimido el argumento del terror; Huerta s贸lo hace acto de presencia, la cobard铆a de la C谩mara el resto鈥.

Lascur谩in ciertamente guard贸 las formas legales con apoyo del Congreso. Los diputados aceptaron las renuncias de Madero y Pino Su谩rez y tomaron protesta al Secretario de Relaciones como nuevo titular del poder ejecutivo quien no intent贸 por medio alguno, retener el poder. Al contrario, en tan s贸lo 45 minutos, r谩pidamente nombr贸 secretario de gobernaci贸n a Huerta y present贸 su renuncia. Por mandato de ley, ante la ausencia del presidente y de cualquier otro ministro, el de gobernaci贸n deb铆a asumir el poder y as铆 lo hizo Huerta. La historia de M茅xico qued贸 manchada por la traici贸n y la omisi贸n.

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Jueves, 9 de Junio de 2005 a las 19:59 por Jesús Olguín Sánchez.

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