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隆Que viva Madero!

Jueves, 2 de Junio de 2005

Alejandro Rosas / Historiador.

Para propios y extra帽os aquel fort铆simo temblor que sacudi贸 la ciudad de M茅xico, el 7 de junio de 1911 --horas antes de la entrada de Madero-- fue en cierto modo un presagio del tiempo nuevo que se avecinaba. Con enorme precisi贸n, la historia demostraba que el apote贸tico arribo a la capital era s贸lo el preludio de grandes cambios: en 1821, con Iturbide M茅xico hab铆a iniciado su vida independiente; en 1848, despu茅s de la ocupaci贸n norteamericana, cuando la ciudad de M茅xico volvi贸 ser capital de la rep煤blica, la naci贸n mexicana busc贸 redefinir su rumbo sin la mitad del territorio; en 1867 Ju谩rez encarn贸 tenazmente a la Rep煤blica hasta el triunfo sobre el imperio de Maximiliano; y el ejemplo m谩s reciente era el propio Porfirio D铆az: a partir de 1876 hab铆a anunciado la era de la paz, el orden y el progreso. Todos ellos hab铆an encontrado su destino final y el principio de su poder en la ciudad de M茅xico.

En 1911 Madero no ser铆a la excepci贸n. El 7 de junio la vieja ciudad de los Palacios no s贸lo fue testigo de un victorioso desfile, m煤sica, cohetones y algarab铆a; ese d铆a marc贸 el final del siglo XIX mexicano y su lento andar hacia el XX. Cronistas, escritores y periodistas dieron cuenta de la espont谩nea y multitudinaria recepci贸n que los habitantes de la ciudad de M茅xico brindaron a Madero, pero la mayor parte s贸lo vieron la forma, pocos percibieron la trascendencia hist贸rica del momento, uno de ellos fue Jos茅 Vasconcelos:

Madero entr贸 a la capital... con apoteosis de un vencedor despojado de ej茅rcitos: 铆dolo gu铆a de su pueblo. Medio mill贸n de habitantes sistem谩ticamente vejados por la autoridad sabore贸, aquel d铆a el j煤bilo de ser libre. Paseaban algunos cantando por primera vez, en plena calle, espantando el silencio de los siglos de desconfianza y pavor. El "Caballito", viejo s铆mbolo de la tiran铆a antigua, se cubri贸 de muchachos desde el pedestal hasta los hombros del rey olvidado. Manos infantiles acariciaron el cetro, como si por fin la autoridad se hubiese vuelto servicio humano y no atropello de bandoleros afortunados. Las campanas de la Catedral, las de la Profesa, las de noventa templos repicaron el triunfo del Dios bueno. Por una vez en tanto tiempo, ca铆a destronado Huitzilopoxtli, el sanguinario. Tras de larga condena de todo un siglo de mala historia, una nueva etapa inspirada en el amor cristiano iniciaba su regocijo, promet铆a bienandanzas. Por primera vez, la vieja An谩huac aclamaba a un h茅roe cuyo signo de victoria era la libertad, y su prop贸sito no la venganza sino la uni贸n. i

Con el viejo dictador lejos del pa铆s la opci贸n era evidente: todos con el vencedor. D铆as antes al arribo de Madero, los diarios capitalinos dispusieron cambiar el tenor de sus notas: los reporteros cubrieron minuciosamente el recorrido del jefe de la revoluci贸n rumbo a la capital y su paso triunfal por ciudades y pueblos; ya nadie recordaba que meses antes lleg贸 a decirse que la lucha de Madero era "la de un microbio contra un elefante".

Los anuncios hicieron eco del esperado momento del que nadie quer铆a permanecer al margen. Los due帽os del comercio La Maleta Social anunciaron: 鈥淢adero. Para recibir a este ilustre caudillo tenemos a disposici贸n del p煤blico 100,000 banderas de la Paz, sus precios fluct煤an entre ocho y veinticinco centavos. Los buenos mexicanos. Para la recepci贸n a tan ilustre caudillo no deben prescindir de una de estas banderas, su precio es insignificante y bien merece este peque帽o esfuerzo鈥. ii Y bien val铆a la pena adquirir una: sobre un fondo blanco, la imagen del jefe de la revoluci贸n rodeado de dos laureles y con la leyenda 鈥淧az. Viva el gran libertador de M茅xico Don Francisco I. Madero, noviembre 19, 1910 - mayo 25, 1911鈥.

M茅xico viv铆a un momento in茅dito en su historia. A diferencia de todos los jefes y caudillos que durante el siglo XIX hab铆an ocupado la silla presidencial por situaciones de facto como lo eran las asonadas, los levantamientos o las revoluciones, Madero s贸lo gobernar铆a si su poder emanaba de la ley; no hab铆a recurrido a las armas como primera opci贸n sino como 煤ltimo recurso; por eso decidi贸 contender en las nuevas elecciones que se verificar铆an hasta octubre de 1911. Su error no fue esperar, sino confiar; acept贸 el licenciamiento de las tropas que le hab铆an dado el triunfo y consinti贸 el ascenso del intrigante Francisco Le贸n de la Barra como presidente interino.

El pa铆s entero y la ciudad de M茅xico tendr铆an que esperar algunos meses antes de saludar a un verdadero presidente constitucional electo democr谩ticamente como lo ser铆a Francisco I. Madero a partir del 6 de noviembre de 1911, pero ya desde junio se divisaba el inicio de una nueva 茅poca y la clara intenci贸n de renovar la moral p煤blica perdida bajo la dictadura personal de Porfirio D铆az.

Un d铆a despu茅s de la entrada triunfal de Madero se tomaron las primeras providencias para revertir lo que hab铆a sido uno de los peores vicios morales de la dictadura: la prensa pagada. La c煤pula pol铆tica del maderismo espet贸 un certero golpe en favor de la libertad: las subvenciones a los principales diarios de la capital y algunos otros del interior del pa铆s fueron suprimidas. El 8 de junio de 1911, El Diario informaba: 鈥淒esde el d铆a 1 del mes actual han quedado suprimidas las subvenciones que el gobierno les ten铆a otorgadas a la prensa. Al presentar los directores de peri贸dicos su recibo por la subvenci贸n de Mayo, se les notific贸 que no deb铆an esperar seguir cobrando del nuevo gobierno ninguna cantidad de dinero en pago de su amistad鈥.

Era vergonzoso conocer las cantidades destinadas por el Tesoro P煤blico para garantizar la lealtad de los periodistas al gobierno porfiriano. La subvenci贸n lleg贸 a generar gastos anuales del orden de los cien mil pesos. El Imparcial --m谩s porfirista que el propio Porfirio-- recib铆a cuatro mil doscientos pesos; The Mexican Herald, publicado en ingl茅s gozaba de mil cien pesos; El Tiempo y La Iberia cuatrocientos; otros m谩s aceptaban de trescientos a ciento cincuenta pesos dependiendo del contenido de sus notas, los que menos recib铆an no contemplaban asuntos pol铆ticos, simplemente aplaud铆an los eventos de la sociedad porfiriana. Eran donaciones que se giraban en favor de los peri贸dicos, a la lista hab铆a que agregar las recibidas por periodistas y articulistas.

La nota de El Diario conclu铆a su informaci贸n se帽alando: 鈥淓l p煤blico puede, ahora, apreciar lo que vale en efectivo, la opini贸n de esos peri贸dicos, estimando con exactitud su conducta presente, ya sea que contin煤en su programa de adoraci贸n al sol que nace, o ya sea que se pongan a gru帽ir鈥. Madero consider贸 err贸neamente que al suprimir el 鈥渂ozal econ贸mico鈥 que condicionaba la libertad de expresi贸n la prensa asumir铆a responsablemente su misi贸n de informar, criticar y orientar a la ciudadan铆a dentro del r茅gimen democr谩tico. Mezquinamente, gran parte de los peri贸dicos recibieron la noticia como una afrenta y m谩s temprano que tarde le cobraron la factura al nuevo r茅gimen y a Madero en carne propia.

Tras una exitosa gira electoral como candidato del Partido Constitucional Progresista, la f贸rmula Madero-Pino Su谩rez result贸 triunfadora en las elecciones de octubre. El dos de noviembre de 1911, con todo el dolor que pod铆a invadir a los viejos, muy viejos diputados porfiristas, la C谩mara declar贸 鈥淧residente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos al se帽or don Francisco I. Madero鈥 para el periodo que iniciar铆a el 6 de noviembre de 1911 y que, con ayuda de la Providencia, deber铆a concluir hasta el 30 de noviembre de 1916.

Gran expectaci贸n gener贸 el inicio del nuevo gobierno. Madero pretend铆a realizar un ejercicio de equidad pol铆tica y limitaci贸n del poder fundamentado en la ley, que no era otra cosa que la democracia, desconocida sin embargo en los hechos, por todos los habitantes del pa铆s. Seguramente aquel 6 de noviembre, Madero se levant贸 por la madrugada, como sol铆a hacerlo, y pens贸 en el largo camino recorrido hasta la antesala del poder que finalmente alcanzaba por la voluntad del pueblo mexicano, entonces sonri贸.

Para Madero debi贸 ser un d铆a a煤n m谩s emotivo que cuando entr贸 a la ciudad de M茅xico, no era un triunfo personal, era la naci贸n que victoriosa se levantaba de una dictadura a trav茅s del poder del voto. La euforia desatada en todos los rincones de la ciudad provoc贸 algunas escenas lamentables como el asesinato cometido por un borracho que apu帽al贸 a una mujer por resistirse a gritar 隆Viva Madero! Con todo, la sociedad capitalina ansiaba la paz. Desde el triunfo de la revoluci贸n no cesaban los brotes armados en distintas poblaciones del territorio nacional. 驴Podr铆a Madero con la presidencia? parec铆a ser la pregunta que rodeaba el ambiente citadino.

La ciudad de M茅xico empez贸 a respirar libertad. A partir de la impresionante movilizaci贸n popular que en mayo de 1911 hab铆a recorrido la ciudad pidiendo la renuncia de Porfirio D铆az, las manifestaciones se hicieron comunes. El 1 de enero de 1912 cientos de estudiantes marcharon por la avenida San Francisco rumbo a la Plaza de la Constituci贸n para protestar contra la prensa amarillista, con grandes mantas se帽alaban: "El Imparcial, enemigo del pueblo y del gobierno". D铆as m谩s tarde otro grupo de estudiantes realizaron un mitin estudiantil en la Escuela de Miner铆a porque Jos茅 Vasconcelos, presidente del Partido Constitucional Progresista los llam贸 "cretinos, degenerados y siervos de la dictadura". Los obreros tambi茅n se vieron beneficiados con el gobierno de Madero sobre todo con el respeto irrestricto a su derecho de huelga y a manifestarse p煤blicamente. Gran asombro caus贸 la movilizaci贸n que el Partido Obrero Socialista realiz贸 en la ciudad de M茅xico para conmemorar la huelga de Chicago el 1 de mayo de 1912.

Yo creo sinceramente --escribi贸 Vasconcelos-- que hemos encontrado en Madero al hombre fuerte que ha de encauzar nuestras heterog茅neas manifestaciones de vida social, no con la fuerza falsa de los crueles y los malvados, sino con esa fuerza que organiza y construye, que vivifica y estimula el progreso de los pueblos, no la que degrada y contiene en sus anhelos, si no la fuerza serena del justo, que si es freno, tambi茅n impulso.

El r茅gimen maderista intent贸 moralizar a la sociedad, haci茅ndola participar de la vida democr谩tica y exigi茅ndole un compromiso de respeto hacia la ley. La pr茅dica de Madero pretend铆a alcanzar todos los 谩mbitos de la vida p煤blica nacional y su inquebrantable fe se manifestaba en los momentos m谩s cotidianos y naturales de su vida p煤blica y privada, como lo era para 茅l escuchar m煤sica, pasear con su esposa por la Alameda o leer un buen libro.

En el empe帽o puesto en la empresa democr谩tica de Madero las buenas intenciones de algunos de sus colaboradores no fueron suficientes para sostener una administraci贸n que ten铆a la misi贸n de sustituir a una anquilosada dictadura y combatir todos sus vicios. M茅xico necesitaba un hombre con realismo pol铆tico, no buenas intenciones ni un idealista de buena fe. Madero juzg贸 a los dem谩s a trav茅s de s铆 mismo, suponiendo a todos sus colaboradores satisfechos con la conciencia del deber cumplido. En su inquebrantable fe plasm贸 su tr谩gico fin.

Los quince meses que dur贸 el gobierno de Madero podr铆an describirse como una serie de adversidades que prepararon la debacle final. Enfrent贸 cuatro importantes sublevaciones: Emiliano Zapata, Bernardo Reyes, Pascual Orozco y F茅lix D铆az; en beneficio de la libertad de expresi贸n acept贸 el ataque sistem谩tico de la prensa que lleg贸 al libertinaje al criticar hasta los detalles m谩s 铆ntimos de su personalidad y de su familia; soport贸 la renuncia de varios de sus colaboradores m谩s importantes y dio la espalda a otros que pudieron abrirle el camino para gobernar con realismo; coexisti贸 con dos Congresos distintos generalmente adversos a sus propuestas pol铆ticas; resisti贸 la presi贸n de los Estados Unidos a trav茅s de su alcoh贸lico embajador Henry Lane Wilson quien reneg贸 de Madero porque de su administraci贸n no recibi贸 un solo centavo como sol铆a hacerlo bajo el r茅gimen porfiriano.

Madero crey贸 en la buena fe de la clase pol铆tica y se encontr贸 con el v茅rtigo de la decepci贸n. Aquellos que no se hab铆an atrevido a mover un dedo, a invocar una palabra, a lanzar una invectiva o una cr铆tica contra el dictador, se arrojaron cobardemente, como hambrienta jaur铆a sobre el poder pol铆tico, sobre la lealtad y bondad de Madero. En el primer experimento democr谩tico de la historia mexicana, la clase pol铆tica y la sociedad hab铆an fallado.

Meses mas tarde, en febrero de 1913, Madero fue asesinado. Pocos pudieron concebir entonces la magnitud de lo que hab铆a sucedido y la oportunidad hist贸rica que se alejaba por m谩s de ochenta a帽os. El experimento democr谩tico de Madero fracas贸 y su valiosa vida se extingui贸 en el intento. A帽os m谩s tarde, al escribir Ulises Criollo, Vasconcelos escribi贸 una certera condena y al mismo tiempo una certera profec铆a: 鈥淪i las circunstancias no obedecieron el impulso redentor que a la patria imprim铆a Madero, peor para todos nosotros y tanto mayor aparece su gloria. Y todav铆a cuando M茅xico se decida a rectificar sus pavorosos yerros, tendr谩 que tomar el hilo de la patria-regeneraci贸n en el punto en que lo dej贸 Madero鈥.


i - Jos茅 Vasconcelos, Memorias I. Ulises Criollo. La Tormenta, M茅xico, F.C.E., 1983, pp. 375-376.
ii - El Diario, M茅xico, D. F., 1 de junio de 1911.


Correo electr贸nico: arr1910@cablevision.net.mx

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Jueves, 2 de Junio de 2005 a las 17:40 por Jesús Olguín Sánchez.

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